domingo, 7 de octubre de 2012

LA CIUDAD PERDIDA DE DUYO - LENDA



LA CIUDAD PERDIDA DE DUYO 
LENDA



     
     Cuenta la leyenda que más allá del cabo Finisterre, en pleno Atlántico, existió la mítica ciudad de Duyo. Se recuerda que esa gran urbe llena de adelantos y de gente sabia que emergía del océano.

     En Duyo todo era bonanza y progreso. Sus habitante podían ver lo que pasaba a miles de leguas de distancia. Viajaban en naos que surcaban con igual facilidad el cielos que la tierra. Las ciencias y las artes estaban en todo su esplendor. La paz reinaba, la gente era feliz. Duyo tenía dos dones y el poder, y sus habitantes eran para el resto del mundo, verdaderos semidioses.


    Todo parecía perfecto, los dioses visitaban Duyo y se solazaban con los avances de sus gentes. Pero un día, los habitantes de Duyo quisieron ser como los dioses y no depender más de ellos. Los dioses se alejaron de Duyo apesadumbrados esperando que sus gentes cambiasen sus pensamientos.Pero lejos de cambiar sus pensamientos, se dedicaron a creer más y más, intentando convertirse en dioses en la tierra. Desde sis inicios, habían guardado celosamente sus descubrimientos y sabiduría, jamás la compartieron con otros pueblos. Los dioses no vieron nada malo en su deseo de guardar los secretos de la magia y la ciencia, al fin y al cabo, el resto de los pueblos eran demasiados primitivos como para comprender sus enseñanzas, lo que no sospecharon es que ese poder los iba a llenar de orgullo y avaricia. Los dioses dejaron que los humanos de Duyo, resolvieran sus propias inclinaciones pensando que un día se darían cuenta del error y volverían sobre sus pasos.

     
     El tiempo pasó y los habitantes de Duyo, envanecidos por sus logros, perdieron el camino y se convirtieron en pecadores, degenerando su especie y pervirtiendo todo lo que tocaban. Los dioses al ver lo bajo que habían caído los habitantes, bajaron para hablar con ellos, intentando ayudarles a retomar el rumbo correcto, pero no fueron oídos. 

     Los habitante de Duyo se sentían tan poderosos que desafiaron abiertamente a los dioses, amenazandoles con la destrucción si volvían. Entonces crearon terribles armas y peligrosos artificios y concentraron más que nunca todos sus poderes y conocimientos en el centro de Duyo y así se prepararon para atacar a los dioses. Durante algunas jornadas el cielo se iluminó por las noches con rayos y se escuchaba el estruendo de las armas, que los habitantes de Duyo, usaban para que los dioses no se acercasen. Pero de repente, todo cayó en un profundo silencio. 


     Los habitantes creyendo que habían derrotado a los dioses, se entregaron a festejarlo, con el pensamiento de salir a conquistar el resto de la tierra. Pero durante la noche de resaca, los dioses contraatacaron y hundieron a Duyo en la inmensidad de las aguas, perdiendose todos los ingenios y poderes, ninguna de sus obras se salvó, todo quedó destruido. 


     Algunos habitantes de Duyo, los menos pervertidos por el orgullo y el poder, lograron ponerse a salvo en tierra firme, quedando desperdigados por los distintos continentes. Solo pudieron llevarse, el recuerdo de lo que había sido Duyo y así se lo contaron a los pueblos que los fueron acogiendo en diversas partes del mundo.

      La costa gallega acogió a varios habitantes de Duyo, y con ellos sus historias, símbolos y tradiciones

 
XOAN ARCO DA VELLA

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