viernes, 7 de octubre de 2016

ANTIGUA BOTICA DE DOADE - BEARIZ

 ANTIGUA BOTICA DE DOADE
BEARIZ
OURENSE


 La botica de Doade reabrirá como museo


     El Concello de Beariz impulsa un espacio expositivo en la antigua farmacia, cerrada desde hace medio siglo


      «Víñamos aquí a todo. A comprar medicinas, a poñer unha inxección, a buscar algo para os animais se estaban enfermos». Incluso, los que hace más de un siglo tenían la suerte de saber leer y escribir, acudían para disfrutar de la biblioteca y las largas charlas literarias y políticas en la rebotica. 


     En esta parte no estaba Eleuta Valiñas, porque ella, dice, era de los que no pudieron estudiar. «Nós apenas sabemos o nome tiñamos que traballar as veigas», cuenta esta vecina de Doade. 


     Por eso no visitaba el rincón de los libros, pero sí pasó muchas horas en la botica de Doade, cerrada hace más de cincuenta años y que el Concello de Beariz planea abrir como museo.


     Valiña pasó por la botica como enferma y también para que le pusieran inyecciones en vena. El farmacéutico quiso que ella aprendiese, pero la ahora octogenaria no quiso porque le tenía miedo al médico. 


    No al farmacéutico, familia para la que solo tiene buenas palabras. «Eu tíñalle medo ao médico da Xirazga, porque se lle pinchaba algo para fóra da vena a calquera, afundíame, que aquel era malo», rememora la mujer. Y añade: «Estes eran boa xente».


     Los propietarios de la botica eran ricos en dinero, pero pobres en salud. Los cuatro hermanos hijos del fundador murieron jóvenes, y afectados por una enfermedad que les impidió tener descendencia. Por eso, a la muerte del padre, Darío Janeiro, se quedó con la farmacia su hijo Pepe, a quien acabó sucediendo en el cargo su hermano Darío, que decidió echar el cierre a la botica en los años sesenta, ya con la salud muy debilitada. 


     Cuenta Eleuta que su mayor pena era «marchar deixando á irmá», la mayor de cuatro hermanos, que apenas le sobrevivió un tiempo.


     Darío cerró la botica porque estaba muy enfermo. Simplemente un día lo decidió y la puerta nunca más se abrió. 


     Así lo demuestra que la rebotica esté sin recoger, que en los botes todavía haya los ingredientes para las fórmulas magistrales o que la máquina de escribir siga esperando al próximo papel para teclear.


     Así se quedó y así decidieron los herederos que continuase durante todos estos años. No se ha tocado nada, reconoce Josefa Ogando, la vecina de Doade encargada del cuidado de la casa. Nunca se planteó la familia heredera rentarla.


Como si no pasara el tiempo
     No se tocó nada, y por eso, al abrir la puerta de la botica y entrar, uno parece estar accediendo al decorado de alguna película de época. Es una vuelta al pasado perfecta. 



     Un solo paso de la calle al interior permite retroceder décadas en el calendario e imaginar tiempos que (muchos) solo conocemos por los libros. 


      Aquellos de las charlas de política en trastiendas escondidas, la de los trueques de fincas por medicinas con los que no disponían de dinero en una época donde la moneda era un bien escaso en muchas familias, la de la clase alta adinerada que podía ir a la farmacia a comprar perfumes y cremas (todavía lucen en la vitrina central cajas con la mítica Bella Aurora). Eleuta bromea con las cremas. Esos productos eran para los más pudientes. Muestra de un pasado del pueblo que ya no es presente.


     «O peche foi unha perda moi grande para Doade», dice Valiñas. Intercede entonces Ogando para apuntar que la botica era la única de toda la redonda, lo que había que hasta Doade se acercasen vecinos de muchos pueblos de los alrededores, con el consiguiente movimiento económico que eso suponía. También era la botica un lugar en el que encontrar medicinas para los animales. 


     Así que era un espacio difícilmente evitable. Y al hecho de que vendiesen productos esenciales se unía la falta de competencia. «Había que vir aquí, era a única que había. Viña xente de Avión, de Beariz... Era a única que había de aquí a San Xusto, e despois ata Ribadavia non había máis farmacia; ou ata A Lama, en Pontevedra», recuerda Valiñas.


Un revulsivo económico
     La reapertura de la botica (aunque solo como exposición) es vista desde el gobierno local como un revulsivo para el pueblo, un lugar que desde el cierre real de la farmacia ha ido cayendo en población. 



     No es una historia nueva, es la del rural ourensano, víctima de la emigración (muchos se fueron a México, y aunque muchos han vuelto para pasar el último tramo de su vida, las nuevas generaciones tienen su vida en otras latitudes y solo regresan como turista ocasionales). 


     Las vecinas confían también en que lleguen las visitas con el nuevo museo.

MAPA

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Fuente: Voz de Galicia
Autora: María Cobas
XOAN ARCO DA VELLA

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